domingo, 24 de noviembre de 2013

El Tesoro


Varios montículos de tierra y soldados de plástico rodeaban al niño. Estaba totalmente compenetrado en su trabajo a la sombra del árbol del patio trasero de su casa; su ropa estaba pintada con barro pero a él no le importaba. En una mano sostenía una cuchara que manejaba con gran habilidad y en la otra tenía un par de muñequitos que iban a ocupar la nueva"trinchera". Su mirada no se desviaba ni siquiera ante los ruidos a su alrededor: el perro atado que le ladraba queriendo ser parte del juego y los gritos de sus vecinos que correteaban en la casa contigua. Mecánicamente movía el cubierto sacando la tierra húmeda para dejarla a un costado. De pronto sintió un ruido seco. Volvió a introducir la cuchara, esta vez con un poco más de fuerza y nuevamente el mismo resultado. Con los dedos rasgó el fondo del pequeño pozo y vio una superficie verdosa. Era vidrio. Cuidadosamente sacó la tierra de los bordes hasta ver que el vidrio era en realidad una botella vieja. Con curiosidad cavó a los costados hasta sacarla  por completo, evitando romperla. Tenía una tapa y en su interior había algo que no llegaba a ver bien que era. La sacudió pero no hizo ningún ruido. Se levantó y acercándose a su pileta la lavó para observar mejor.
-¡¿Qué estás haciendo Matías?!...¡Mirá el barrial que hiciste en el patio!-,la madre le gritó enojada desde la puerta trasera de la casa.
-¡¡Encontré un tesoro!!-, le dijo el niño con tierna ingenuidad.
La madre no escuchaba lo que su hijo le decía, sólo veía el desastre que había en su patio. Secándose las manos con un repasador se acercó con la intención de regañar a Matías, pero antes de decir palabra alguna vio la  botella en la mano del pequeño. La reconocía, era una de esas botellas que se usaban en su niñez, gruesas y verdes oscuras. 
-Hay un mapa adentro,má-,insistió Matías, e intentando evitar la segura reprimenda se la entregó rápidamente.
La mujer tomó la botella, viendo que efectivamente contenía un papel, pero sabía con certeza que no era un mapa de un tesoro. Se quedó observándola ensimismada al tiempo que la giraba de un lado al otro. Su hijo le hablaba pero ella no le prestaba atención. La voz aguda y constante de su hijo la hizo volver en sí.
-¡Calláte de una vez, por favor! ¡Mirá lo que es el patio,andá adentro ya, y ni se te ocurra tocar a tu hermanito con esa mugre!-
-Pero mamá...el tesoro...-
-¡Que tesoro ni tesoro, ¿no ves que es un papel viejo?! Andá a bañarte antes de que que venga tu papá!-, y le dio con la rejilla en el trasero. El niño se fue corriendo dando pesados pasos y refunfuñando.
La madre lo observó alejarse hasta que entró a la casa. Al segundo de que cerró la puerta sacó el corcho e intentó sacar el papel poniendo la botella boca abajo. Como no salía, buscó algo con que acercarlo a  la boca de la botella. Tomó una rama pequeña y apoyándolo entre el papel y la pared interna empujó suavemente hacia arriba. No fue un trabajo sencillo, pero al tercer intento lo logró. Busco donde sentarse, sin importarle el barro que había dejado su hijo por doquier. Leía y sonreía, sin poder evitar que las lágrimas brotaran de sus ojos. Cuando era niña había puesto esa botella ahí y lo había olvidado por completo. No podía creer que después de más de treinta años lo tenía en sus manos nuevamente. En el papel y con incontables faltas ortográficas, contaba lo que iba a hacer "cuando sea grande": Quería casarse, una linda casa, un auto y tener muchos hijos. Iba a cuidarlos mucho y a jugar con ellos siempre. No quería que tuvieran que jugar solos, porque era muy aburrido no tener hermanos. 
Cuando terminó de leer la carta y mientras se secaba las lágrimas, miró a la casa y vio la pequeña cabecita de su hijo en la ventana, que rápidamente se escondió cuando se sintió descubierto. La mujer sonrió y lo llamó. Matías, todavía lleno de tierra, se acercó mirando intrigado el papel en las manos de su madre, que lo miraba con ternura.
-Vení acá-, le dijo y lo abrazó muy fuerte
-Es de un tesoro,¿no,má?, le preguntó con una gran sonrisa.
-¡Si, mi amor,el tesoro más grande del mundo!, y le obsequió el mejor beso que una madre puede dar.
                                                                                                             FIN

2 comentarios:

  1. Es bueno, boló! Se te pianta el lagrimón y además es muy gráfico. Bien por acá!

    ResponderEliminar