martes, 28 de julio de 2015

Hogar


El pequeño miraba las estrellas,pensativo.
-Cuéntame más de donde vivías de niño, padre.
El hombre se paró a su lado y puso una mano sobre su hombro.
-Era un lugar maravilloso. Todavía sueño que vivo allí....el aroma de las plantas, del mar,el calor del sol sobre mi rostro...-
El pequeño miró a su padre y le esbozó una sonrisa.
-Me hubiera gustado conocerlo-
El hombre asintió con un dejo de tristeza.
Los dos se quedaron por unos instantes contemplando en silencio la oscuridad del cosmos.
-Algún día cuando seas grande quizás puedas ir, ¿quién sabe?-
-¿Tú creés?-, se esperanzó.
-¿Por qué no?,todo es posible-,mintió.
El niño sonrió y se aferró con ternura a la cintura de su padre que buscó en el espacio ese punto con brillo tenue que alguna vez fue su casa.
Habían pasado poco más de treinta años desde que las naves partieron con destino incierto. La raza humana,creadora de maravillas como la música, el arte y las ciencias, capaz de inventar la tecnología para viajar por el espacio fue también la principal causante de destruirlo todo y hacer inhabitable aquel hermoso planeta llamado Tierra. Aquel planeta que alguna vez fue su hogar.
                                      FIN

miércoles, 22 de julio de 2015

No Fiuchur


El convoy de camionetas y jeeps levantan polvareda en su veloz viaje hacia el “área de caza”. Varios kilómetros más adelante las "presas" presentían el peligro y se preparaban para hacerles frente.
Sergio Rockman se acomodó frente al montículo de piedras que alguna vez hace apenas una década, fue una casa. Miraba fijamente al horizonte, esperando.
-Todavía me cuesta aceptar que estemos viviendo así, como en la prehistoria-, dijo rascándose la barbilla.
Aníbal Boy,su hermano, hizo como que no lo escuchó y siguió preparando la táctica defensiva. Era un tema del que prefería no hablar.
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Desde la renuncia de De la Rúa en aquel fatídico 2001 y la sucesión de de los cinco presidentes seguidos en una semana, el club del trueque, los patacones y el "qué se vayan todos" que se cumplió con creces debido a la presión popular, todo había cambiado.
En el territorio nacional la población, harta de todo, asesinó a políticos, empresarios, religiosos y policías. Ni siquiera el ejército pudo hacer frente a las multitudes enardecidas que terminaron siendo masacrados con sus propias armas. Los muertos se contaban por millones.
El mundo entero vio lo que sucedido y no hizo nada, dejando librado a su propia suerte a aquel país, otrora granero del mundo. La anarquía se instauró para no irse más.
La Argentina era ahora una selva violenta y sangrienta.
Sin una autoridad central los distritos pasaron a ser especies de ciudades-estado donde la clase acomodada se servía de los restos que le quedaron de aquel bienestar económico para vivir a costa de los pobres, esclavizándolos en sus fábricas y hasta para divertirse con ellos cazándolos como animales. Fue increíble la facilidad con la que se adoptaron nuevos sistemas, parecidos a las que existieron en las antiguas civilizaciones. De esta manera resurgieron reyes, nuevas religiones y esclavos. Por relatos de algunos viajeros se sabía que en Córdoba hasta se había implementado un sistema de castas similar al de la India. Una locura.
Quilmes era ahora una zona de guerra entre dos bandos. Unos, los que vivían en el área delimitada por las Avenidas Varela, Mosconi, Lamadrid y Mitre y los otros, los habitantes de las localidades que bordeaban el viejo centro quilmeño, de la cual Solano era el lugar predilecto para las cacerías. Y es que allí,en Solano ,estaba lo que para los cazadores eran los premios mayores: Aníbal y Sergio, los líderes de los rebeldes.
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Los aullidos excitados de los jóvenes -todos habitantes del residencial barrio Los Cedros- y el ruido ensordecedor de los motores eran acompañados por una estela de polvo. Blandían sus armas con frenesí esperando ansiosos llegar al área de caza.
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-¿Escuchás?
Sergio asintió preocupado. A lo lejos se escuchaban los gritos, como si de un malón guerrero se tratara. Sergio se arrodilló y tomó su arco apilando varias flechas con puntas de clavos oxidados a su lado. Aníbal por su parte se quitó con sumo cuidado la gomera de madera tallada de su cuello, como haría una mujer con un collar de diamantes recién estrenado. De un morral con motivos tribales sacó un frasco de vidrio con los proyectiles más increíbles que nadie en el mundo creería y que eran su marca registrada: ojos de vidrio. Brillantes y coloridos ojos de vidrio. Nadie sabía de donde los sacaba y nadie se atrevía a preguntarle, ni el mismo Sergio.
-Odio toda esta situación-.
Sergio lo miró de reojo pero sabía que era una verdad a medias. Si bien era cierto que odiaba ver a la gente correr desesperada para salvar su vida, también era cierto que le encantaba dispararle a los “cazadores”. Los ojos de vidrio viajaban a una velocidad increíble haciendo un sonido similar a un atemorizante silbido. Y la mayoría de ellos daba siempre en el blanco.
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Las camionetas estaban a unos 200 metros de la barricada de los dos rebeldes, situada sobre el borde oeste del arroyo Las Piedras y el puente de la calle 850. Los cazadores prepararon sus armas con tranquilizantes y balas de gomas. Ansiaban ver a esas personas correr como animales y comenzar lo que para ellos era casi un juego. Una vez capturarlos eran llevados a las enormes factorías del centro del distrito para que trabajen sin descanso, produciendo alimentos y vestimentas para las clases dominantes.
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Sergio apuntaba con el arco en dirección al Jeep verde militar que venía a la cabeza de la caravana. En ella iban seis ocupantes, dos sentados adelante y cuatro parados en la parte trasera.
-Espera a que se acerquen-, le dijo el arquero a su hermano. Este estaba totalmente inmóvil, concentrado, apuntando.
-Shhhhh-, lo calló.
Cuando estuvieron a tiro los dos dispararon al mismo tiempo. La flecha se Sergito se incrustó en el parabrisas, lo que obligó al conductor a dar un volantazo. El gomerazo de Aníbal fue tremendamente efectivo acertándole al cráneo de uno de los que iban parados detrás del jeep, que cayó dando rodando pesadamente sobre la calle.
-¡Nooo, malditos hijos de puta-, vociferó Matías Vera, el conductor del jeep y cabecilla de los cazadores al ver caer a su amigo Daniel Norberto. Matías frenó bruscamente provocando que los demás vehículos tuvieran que hacer la misma maniobra y se bajó corriendo hasta donde estaba el cuerpo de su amigo.
-No,Daniel no…-, dijo con ojos vidriosos.
-Mati…creo que estoy bien…pero me parece que me rompió la cabeza ese hijo de puta…Mis lentes, quiero mis lentes.- dijo casi suplicando.
-Tranquilo Dani, juro que voy a cazar a esos mugrosos por vos- con un gesto le pidió a uno de sus muchachos que le alcance las gafas negras de Daniel y se las colocó-… ¿Estás mejor amigo?-. Daniel asintió. La sangre corría por su frente y se perdía tras su oreja.
-Juro que voy a cazarlos y a entregárselos al Rey Miguel para que trabajen de por vida en sus fábricas de alimentos.- le prometió entre lágrimas mientras acariciaba la entrecana cabellera de su moribundo amigo.
-Matías…-tosió esputando sangre-…quería…quería decirte que…
-No lo digas Daniel, por favor no lo digas- Matías temió por un instante que su amante secreto develara frente a todos aquello que era prohibido y castigado con la muerte.
Pero Daniel no alcanzó a decirlo. Había muerto en los brazos de su gran amor.
-¡NOOOOOOOOOOOOOOOO! Daniel…la puta que lo parió, Daniel, ¡¿por qué, Dioses, por qué?!- Matías rompió en llanto mientras los demás miraban acongojados la terrible escena. Luego apoyó la cabeza de su amante en el asfalto y tratando de recomponerse miró con los ojos inyectados en sangre a sus camaradas, gritandoles con furia.
-¡Quiero a esos dos hijos de puta…AHORA!-
La guerra había comenzado.
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Aníbal y Sergio observaban toda la situación desde atrás de la barricada.
-Esto se va a poner muy, muy feo-, sentenció Sergio con preocupación.
-Vamos a escondernos-
Sergio tomó sus cosas y siguió a su hermano que se corría agazapado y velozmente delante de él. A unos cincuenta metros y mientras los cazadores se subían a los móviles, los hermanos se treparon a un frondoso árbol y se escabulleron entre las ramas. Una vez escondidos y fuera del alcance visual de los cazadores, Aníbal juntó sus dos manos frente a su boca e hizo un sonido similar al de una cacatúa, que era el aviso para su gente de que el peligro iba en camino. A unos doscientos metros los adultos más fuertes ayudaban a mujeres y niños a guarecerse en los pozos hechos especialmente para estas ocasiones mientras los demás hombres preparaban sus palos y piedras para la defensa.
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Matías Vera bufaba de rabia aún lagrimeando en el asiento del acompañante del Jeep, ahora conducido por su lugarteniente Raymond González.
Raymond era de piel oscura y afecto a la bebida. Tenía un carácter bonachón y continuamente hacía chistes de los que nadie se reía. El destino quiso que unos años antes de la gran crisis sus padres se mudaran de Solano a una pequeña casa de la Avenida Calchaquí, dato que pocos sabían y que Raymond escondía como un tesoro. Por suerte para él la ubicación geográfica era más importante que la genética en este distrito, a diferencia de otros en donde las guerras se sucedían por motivos raciales, de edades y hasta por la altura.
-Vamos a cazarlos Matías y vamos a hacerlos pagar por la muerte de Dani- , le dijo con obsecuencia el conductor sabiendo que era lo que su jefe quería escuchar. Vera no le contestó, solo miraba fijamente a través del parabrisas roto.
Cuando el convoy de vehículos ingreso a zona cero las calles estaban despobladas. Las precarias casas también parecían estarlo.
-¿Dónde están estos mugrientos?, se preguntó Vera. Su voz manifestaba una furia extrema.
Recorrieron varias cuadras a baja velocidad. Los más de 20 jóvenes armados apuntaban hacia las casas con el gatillo presto. Todos ellos soñaban con atrapar a alguno de los hermanos. Eso sería para el afortunado un cambio rotundo en su vida. Casi con seguridad sería recibido por el Rey Miguel e invitado con honores a uno de sus grandes y famosos banquetes donde la comida era abundante y fresca.
Los vehículos dieron un par de vueltas sin ninguna señal de los lugareños. El Jeep que encabezaba el convoy frenó y sus ocupantes bajaron y se reunieron en medio de la calle. Matías hizo un gesto a los demás y todos bajaron y se acercaron, siempre con sus armas listas para disparar ante el menor movimiento.
-Estén atentos, esto no es normal. Algo están tramando. Raymond, vos andá con tu grupo hacia el sur y vos con el tuyo, al norte-, le indicó a Javier, otro “oscuro" como Raymond González que vivía en el centro del distrito.
-Nosotros nos quedamos acá, cubriéndolos-
Todos sabían que esto era mentira. Se quedaba porque no quería adentrarse en territorio enemigo. Allí cada vivienda era un potencial nidos de rebeldes violentos. Pero ninguno se quejó. No les convenía quejarse.
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Los hermanos continuaban sobre el árbol analizando los pasos a seguir.
-Cuando llegue al arroyo, das el aviso-
Sergio asintió y observó con satisfacción como los cazadores se separaban en grupos.
Aníbal se aferró a su morral y con movimientos felinos se dirigió nuevamente hacia el arroyo Las Piedras. Una vez allí, se escondió detrás de una pared derruida y esperó unos minutos. Levantó la cabeza con cuidado por sobre la pared y observó el árbol donde estaba su hermano que sacó un brazo de entre las ramas haciéndole un gesto con el dedo pulgar. Aníbal contestó repitiendo el mismo gesto. Un tosco sonido de ave salió de la copa de aquel árbol. En los alrededores, dentro de algunas de las casas elegidas especialmente para el contrataque emergieron como trombas ejércitos de hombres rugiendo, armados con palos y piedras y se dirigieron hacia los tres grupos de cazadores. Estos, a pesar de que estaban preparados para algo así se sorprendieron de la enorme cantidad de atacantes. Nunca eran tantos. Aquello era una emboscada preparada por los líderes rebeldes.
Matías Vera sintió una punzada en el estómago. <Hijos de puta>.
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La lucha fue feroz. Los cazadores pese a ser sobrepasados en cantidad lucharon con valentía pero los rebeldes los vencieron sin atenuantes. Muchos de ellos se ensañaron en la batalla y no era para menos. Habían visto caer a sus familiares bajo el fuego enemigo. Los vieron llevarlos como presas salvajes y sabían muy bien del trato que le daban en las fábricas. Ninguno de ellos tenía esperanzas de que estuvieran con vida. El hecho de que salieran de “caza" de manera continua hablaba a las claras de que necesitaban reemplazar la mano de obra y esto no significaba otra cosa que aquellos que se habían ido ya no volverían nunca más.
Cuando la feroz contienda terminó Aníbal se acercó al jeep en el que había llegado Matías Vera. En el trayecto miraba a sus hermanos y los felicitaba. Tenían sus cuerpos ensangrentados pero todos sonreían. Los cazadores más afortunados estaban inmovilizados, atados de pies y manos y con sus rostros deformados por los golpes recibidos. Otros estaban en el suelo, sin vida.
Aníbal se reunió con Sergio en el vehículo y lo abrazó, feliz de haber ganado la batalla.
-¡Bien Sergito, lo hicimos!
 Luego se subió al capó y levantó los dos brazos en señal de triunfo, gesto que fue acompañado de un griterío ensordecedor de su gente.
-Hermanos... ¡lo hicimos!-
Los alaridos se multiplicaron nuevamente.
Sonriendo, buscó entre la multitud a alguien. Cuando lo encontró lo llamó con un ademán.
De en medio del exultante gentío salió Raymond González. Lucía con orgullo el premio máximo. Tenía a Matías Vera. Se acercó y lo arrojó con violencia contra el suelo.
-Buen trabajo Ray, muy buen trabajo.-
Aníbal y Raymond se abrazaron con fuerza. Los vítores se escucharon como en un circo romano.
-Hermanos, esto es solo el primer paso hacia nuestra libertad, hoy son estos cazadores, mañana será el Rey Miguel y después todo el distrito. Nacimos libres y moriremos libres y si para eso tenemos que ir a la guerra, entonces iremos a la guerra...El recuerdo de nuestros hermanos muertos lo merece-.
Las palabras del líder rebelde fueron festejadas con devoción religiosa.
Una guerra se acercaba y el primer botín de esa contienda era Matías Vera. Aníbal sabía que podía negociar con él, conocía su oscuro secreto, ese que podía llevarlo a la muerte si se daba a conocer. Y Matías también conocía el de su contrincante. Sabía que ese líder incorruptible y feroz defensor de la libertad de los oprimidos, ese hombre que dedicó su vida a derrocar a aquel que muchos llamaban “Rey Miguel" era en realidad el hijo no reconocido del monarca.
                                                                                                                  FIN





lunes, 20 de julio de 2015

#EraPorAbajoPalacio


Rodrigo se despertó y sintió un fuerte dolor en el cuello. Estaba sentado y con las manos atadas. Respiró profundamente y movió su cabeza en círculos para mitigar los músculos entumecidos e intentó abrir los ojos pero una luz cegadora frente a él se lo impidió. Cuando por fin sus pupilas se adaptaron a la fuerte iluminación observó que en el pequeño y sucio cuarto, exactamente detrás de la lámpara y en las penumbras, había una persona.
-¿Qué pasó? ¿Qué hago acá?- alcanzó a titubear.
-Todavía no pasó nada,pero va a pasar.
Rodrigo trataba de ver más allá de la luz pero esta era demasiado fuerte. Tenía la boca seca y la sed lo estaba matando.
-Agua,quiero agua.
La figura emergió de la oscuridad y se acercó con una botella de agua. Se la apoyó en los labios secos y la inclinó lentamente. Rodrigo bebió largos tragos al tiempo que observaba detenidamente el rostro de su captor que estaba a cara descubierta y lo miraba fijamente a los ojos.
-Así que vos sos el famoso Rodrigo Palacio- le dijo con sorna al tiempo que alejaba la botella de su boca.
<¿famoso?>
-Yo no soy famoso señor, se está confundiendo de persona-respondió sollozando el adolescente.
El secuestrador exhaló aire sonoramente haciendo un gesto de negación.
-Todavía no,pero lo vas a ser. Mirá Rodrigo,sé que lo que te voy a decir te va a parecer una locura-. El hombre hizo una pausa y caminó alrededor del pibe, que temblaba de miedo.
-Primero quiero que sepas que no voy a hacerte nada,no voy a lastimarte ni matarte ni quiero sacarle plata a tus viejos,sólo quiero que me prestes atención, ¿ok?.
El pibe asintió con un movimiento de su cabeza. Temblaba de pánico.
-A ver...¿como empiezo?...Te lo resumo: en dos años vas a ir a probarte al club Bella Vista, acá en Bahía Blanca. Después vas a pasar a Huracán de Tres Arroyos,de ahí a Banfield y por último el gran salto a Boca,donde vas a ganar varias copas,incluyendo una Libertadores en el 2007-,le recitó de memoria
Rodrigo lo miraba asustado. No entendía de que hablaba.
-...después te vas a Italia-exponía como dando una lección- en donde vas a ganar muchísima guita y y,como frutilla del postre,vas a jugar dos mundiales...debes pensar que estoy loco, ¿no?-dijo riendo para luego proseguir.
-Mirá, se que todo esto para vos no tiene sentido, pero yo lo sé porque...-volvió a dudar-...eh,vengo del futuro-
Rodrigo estaba mudo y seguía asustado pese a que le había dicho que no iba a lastimarlo.
<Esta completamente loco>
-Se muy bien lo que pensás...le pasó lo mismo a Kempes,pero bien que le sirvió mi"ayudita"- dijo complacido.
-Hubiera preferido encontrarte más cerca del Mundial, a lo sumo 2012,2013 pero el dispositivo del tiempo no es tan preciso como lo muestran en las películas,lamentablemente. Llegué quince años antes y mi trabajo tengo que hacerlo igual,aunque reconozco que iba a ser más difícil hacer esto si ya eras famoso...en fin, escuchá muy bien lo que te voy a decir.
Entonces el hombre  acercó una silla con el respaldo hacia adelante, se acomodó cruzando los brazos sobre el respaldo y comenzó a contarle a Rodrigo la historia más increíble que iba a escuchar en su vida..
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Año 2014.
<Es por abajo,es por abajo...>
Minuto 78 de la final del Mundial de fútbol en Brasil.
Rodrigo Palacio se repite la frase una y otra vez mientras espera en la linea lateral para ingresar por Gonzalo Higuaín. El delantero del Napoli de Italia se había errado una chance de gol inconcebible en el primer tiempo. Tal y como se lo había vaticinado aquel hombre hacía ya 15 años su exitosa carrera lo había catapultado a ese gran momento,la final del Mundial. Pero el contaba con un as en la manga,sabía que hacer para enmendar un error-aún no cometido- que iba a costarle a su país el título y a él burlas e insultos de todo un país futbolero.
Entró al campo de juego. Al pisar el césped los típicos nervios desaparecieron.
El partido era parejo y ninguno de los dos equipos se sacaba diferencias. El tiempo reglamentario terminó con el consabido -para él- resultado en cero.
En la charla que dio el técnico Sabella previo al tiempo suplementario Rodrigo apenas si escuchó las indicaciones, sabía que dijera lo que dijera el destino estaba en una jugada en la que él era el protagonista principal. No Messi, él. "Hoy me convierto en héroe", pensaba entre divertido y muy ansioso.
Volvió a recordar a aquel hombre que él supuso era un loco. Todo sucedió tal cual se lo describió. Su trayectoria, su fama, sus goles, sus títulos. -"Vos no tenés que hacer nada hasta ese momento, solo seguir el curso de los acontecimientos..."-,le dijo-. Y también que no debía contarle a nadie para evitarse los problemas obvios que todo aquello le acarrearía. Y tenía razón.
El"¡Vamos muchachos,¿eh?!" de Mascherano lo sacó de sus pensamientos.
Había llegado el momento que tanto esperó. Miró hacia las tribunas del Maracaná abarrotadas de hinchas y pensó por un instante si aquel hombre estaría allí, observándolo.
El pitazo del árbitro italiano Nicola Rizzoli dio comienzo al primer tiempo suplementario..
La pelota rodó. Rodrigo sabía que en 6 minutos iba a tener su chance de gol, esa que aquel hombre misterioso del futuro le mostró una y otra vez mediante hologramas. Mil veces la vio. Estaba marcada a fuego en sus retinas.
Y el momento llegó.
Marcos Rojo envia un centro llovido a la medialuna del área alemana que sobra al defensor Mat Hümmels y la pelota cae en su pecho. No logra pararla bien y el balón se le adelanta un poco, tal como sabía que iba a pasar. Observa que Manuel Neuer sale desesperado del arco para achicarle el ángulo de disparo y por una milésima de segundo piensa en levantarla sobre el cuerpo del portero, casi como un reflejo. ¡Qué ironía! Hasta sabiendo cual sería el resultado si hacía eso, le seguía pareciendo la mejor opción. Pero recordó otra vez aquella imagen repetida y le dio de zurda,fuerte y abajo, como le habían dicho. Había cumplido con lo que le pidieron. Solo faltaba ver entrar la pelota en el arco y salir gritando con locura su gol. Si hasta tenía preparada una remera bajo la camiseta agradeciendo a su familia.
Pero el destino es muy cruel y las decisiones, aunque cambien, a veces tienen el mismo resultado.
El arquero germano, a puro reflejo, estiró su enorme cuerpo y con su pierna izquierda desvió la pelota que se fue hacia el lateral.
A Rodrigo se le vino el mundo abajo. Eso no podía estar pasando. El partido continuó.
Rodrigo estaba devastado y aunque por obvias razones siguió jugando e intentando, sabía que el destino estaba sellado. ¿O no?
Una loca idea se le cruzó en la cabeza. La meditó por unos segundos y decidió intentarlo pese a las consecuencias que le traerían a futuro entre sus compañeros e hinchas. Solo él sabía que el resultado estaba sellado a favor de los alemanes y ni siquiera todo lo acontecido,con viajero del tiempo incluido,había servido.
Aprovechó una jugada cercana al área argentina y cuando la pelota le llegó a Mario Gotze sobre la línea lateral, Rodrigo se le tiró con extrema violencia con las dos piernas hacia adelante sobre la pantorrilla derecha del delantero teutón. Este lanzó un grito desgarrador y los jugadores alemanes se arremolinaron a su alrededor para reprocharle con vehemencia tamaña actitud anti deportiva. Los veintidós jugadores de campo y algunos suplentes hablaban acaloradamente con los jueces,los alemanes pidiendo la expulsión del jugador argentino y sus compañeros intentando defender lo indefendible mientras otros lo separaban  para evitar que alguno haga justicia por mano propia.
-¿Qué hiciste Rodrigo,estás loco?-,le reprochó Macherano mientras lo empujaba para sacarlo del medio de la batahola. Palacio no le contestó. ¿Qué le iba a decir? Agachó la cabeza y se secó la transpiración de la cara con la camiseta esperando que el árbitro le saque la merecida tarjeta roja. Y así fue,Rizzoli se le acercó y con gran teatralidad levantó la tarjeta mientras el murmullo de los miles de espectadores del estadio desaprobaban, sufrían y otros gozaban por su expulsión. Gotze seguía en el piso, revolcándose de dolor.
Rodrigo se fue directamente a los vestuarios ante el silbido de los hinchas brasileños y alemanes. No miró al banco pero sintió como si tuviera a varios francotiradores apuntando sobre su espalda.
Ya en el vestuario y completamente solo se sentó en un banco a esperar mientras miraba en uno de los leds como sacaban a Gotze en camilla y entraba por él Mertesacker. Rodrigo esbozó una sonrisa de satisfacción. El plan B parecía funcionar.
El partido siguió. En el minuto 113 André Schürrle corre por la banda izquierda y ante la pasiva marca de Zabaleta y Mascherano tira un centro al vértice del área chica de Romero donde Mezut Özil la para de pecho y haciendo una pirueta en el aire cruza el disparo que se mete por el palo izquierdo del arco argentino. Grito y locura en el estadio. Miles de hinchas argentinos lo sufren. Miles de hinchas alemanes lo gozan. Pasado unos minutos del agónico gol Alemania se consagra campeón mundial por cuarta vez en su historia.
Rodrigo Palacio se toma el rostro y llora desconsoladamente. No era por abajo. Tampoco por arriba. No era por Gotze. Simplemente no era para Argentina.
                                    FIN






sábado, 9 de mayo de 2015

Sueño

Otra vez ese sueño. Era como una alarma interna que cada cierto periodo se activaba para evitar que la olvide.
Mi subconsciente me jugaba una mala pasada nuevamente.
Ese sueño era como una llama imposible de extinguir que recobraba vida ante el menor movimiento del aire.
Ese sueño le ganaba la batalla a la pesadez de mis párpados con pasmosa facilidad, dejandome pensativo a cualquier hora de la madrugada.
Ese sueño que inequívocamente tenía un significado que yo trataba de evitar.
Pero siempre aparecía, aún cuando lo creía superado.
Las imágenes en mi mente todavía estaban allí, como fantasmas en la oscuridad de mis pensamientos.
Los sueños muchas veces abstractos y sin sentido, cobraban otra dimensión cuando ella era la protagonista. ¿Acaso mi mente buscaba respuestas? Y si así fuera,¿quería saberlas?
Pensé en aquellas imágenes aún frescas en mi cabeza.

Salíamos de un lugar local y caminamos por la vereda. Ella me hablaba aunque yo no la escuchaba. Solo veía sus labios moverse mientras sus ojos marrones que parecían pender de su castaño y rebelde flequillo, me miraban fijamente. Sus mejillas rojas y redondas resaltaban por sobre su tez blanca y perfecta. Caminaba dando pasos rápidos con graciosos saltitos que eran acompañados por el movimiento de su cabello. Juraría que viste como el día que la conocí...No es la de hoy, es aquella chica que aún no llegaba a los veinte años, aquella inocente y tierna chica que dejó la adolescencia hace nada de tiempo.
De repente sus palabras llegan a mi.
"Apurémonos que ya está por venir",me dice enigmática. Sé de que habla.
Apura los pasos como si eso nos hiciera invisible ante la multitud de cuerpos sin rostro que nos rodean. La miro con una mezcla de alegría y tristeza mientras seguimos caminando a la par.

Y me desperté. El sueño fue breve y aparentemente sin sentido, pero no pude dejar de pensar en él.
Miro el reloj. Son la 6:45 y me cuesta volver a conciliar el sueño. La tengo grabada en mi mente como si los recuerdos en mi subconsciente fueran reales y más fuertes que la realidad misma. Intento dormirme pero me resulta imposible. La soledad en mi cuarto es total.
¿Qué extraño poder ejercía esa mujer para que después de tantos años siga visitando mis sueños?
Trato de reconfortarme pensando que quizás le suceda lo mismo,que aquellos años compartidos con sus idas y vueltas también tendrían efectos en su ser. Mínimos quizás, pero no por ello menos importantes. Más allá de que eso no cambie en nada la ecuación,me gustó pensar en que también alguien a la distancia,con su vida ya hecha,se despierte a la madrugada pensando en mi y preguntándose<que hubiera pasado si...>.
                                                                                FIN




sábado, 4 de abril de 2015

La Venganza de Jhon-II Parte


Cuatro meses pasaron desde que el juez del estado de New Jersey sentenció a Jhon Maverick Car a cadena perpetua por asesinato alevoso y premeditado de treinta y dos personas.
Luego de escuchar la durísima sentencia Jhon sintió su estómago cerrarse por primera vez en décadas. 
......................
Penitenciaría estatal de New Jersey. 14:42 hora del este.
Jhon Car,el loco asesino veterano de guerra yacía en la pequeña y sucia litera de su celda. Tenía la mirada perdida en el colchón del camastro superior. Odiaba ese inmundo lugar.
De pronto escuchó el ruido del portón metálico que se abría y la voz de su compañero que le decía:
-¡Jhon,sal al patio ya! Jay C organizó un partido de fútbol soccer contra los latinos y necesitan jugadores de recambio.
Al escuchar esto Jhon sintió una punzada en su voluminoso abdomen.
-"Larry,hoy no estoy para esas bromas"
-¡Es verdad,Jhonny! Jay C habló con ellos y jugarán por la ración de comida de la noche y unos atados de cigarrillos...y es más que probable que corra sangre-,dijo haciéndole un guiño cómplice.
Jhon se levantó de un salto. Sintió que su enorme,enorme cuerpo,ahora tatuado con imágenes de cuerpos mutilados,pasajes de la biblia,menús de fast foods,mensajes xenófobos,rostros de compañeros de guerra y el de George Bush padre,recobraba vida.
-"Oh,men,¡habérmelo dicho antes!". Se calzo su musculosa blanca y salió de la celda rumbo al patio. <sangre>,pensó relamiéndose.
En el amplio patio los reos se dispersaban al ver a Jhon moverse como una tromba. Los acontecimientos en Yellow Fourth Bros le habían dado un gran respeto entre aquellos criminales. "El asesino de la barbacoa" le decían ,aunque siempre a sus espaldas y en voz baja por miedo a las represalias. Los presos neonazis lo admiraban por aquella masacre y los latinos y negros le temían y odiaban en partes iguales.
Jhon se acercó a Jay C, un skinheads encarcelado por asesinato y robo. En el corto tramo al patio el ex marine ya había transpirado como si hubiera corrido una maratón.
-Oye Jay,-dijo con la respiración todavía entrecortada- cuenta conmigo para el juego...a estos ilegales se las tengo jurada desde el día en que pisé esta pocilga-. 
Jay C no pudo no evitar sonreír al recordar aquella situación: en su primer día Jhon había entrado a las duchas con una diminuta toalla en la cadera que no alcanzaba a taparle sus partes nobles y sus enormes nalgas quedaban a la vista de todos. En el rincón donde se concentraban los latinos comenzaron a gritarle cosas en español y a reírse a carcajadas. Algunos por el ataque de risa se tiraron al suelo y golpeaban con sus puños el suelo mojado. John nunca olvidaría esa desagradable y vergonzosa situación. La sonrisa de Jay confirmaba que el tampoco lo había olvidado. Pero el skinheads también sabía que John era capaz de hacer cualquier cosa por lo que le dijo amigablemente:
-Jhonny,mira...quiero probar en la ofensiva a los nuevos,Lionel Pinky y Aldous Bighead...tú sabes,son jóvenes y tienen experiencia ya que en la preparatoria jugaron al fútbol soccer muchos años...¿no te molesta verdad?- Jay C vio que la expresión del rostro de Jhon no cambiaba e intentó convencerlo suavizando aún más la voz.
-Jhonny,Jhonny,tú como yo queremos ganar este maldito juego. Si lo hacemos habrá doble ración de alimentos y cigarrillos para todos. Te prometo que ni bien tengamos el juego controlado entrarás y podrás darte el gusto de demostrarle a estos bastardos cuánto vales-
A Jhon esas palabras le trajeron tristes recuerdos. Lo que acababan de decirle sonaba igual a lo que solía decirle su ex cuñado Jhosep Hyzak,ese maldito reidor que acabó lleno de plomo de su AK-47. <El muy bastardo en este momento debe estar riéndose en el infierno>, pensó.
-Ok Jay, estaré esperando en la banca,pero no me defraudes.
-Tranquilo amigo,cuento contigo.
Se sentó en el suelo a un lado del precario campo de juego junto a otros reos que hablaban entre ellos y reían felices. Pero John no era feliz.
Extrañaba su camión,sus armas,su familia y sobre todo la comida casera. Para colmo de males su mujer Serenity lo había dejado por su mejor amigo,Adrien Reginald. <Adrien,obeso homosexual reprimido,espero te pudras en el infierno> Ante este pensamiento,John escupió sonoramente al suelo.
El juego comenzó. Los latinos manejaban el balón y a escasos dos minutos marcaron el primer tanto. A los cinco ya iban adelante por cuatro en el marcador. John veía lejos la posibilidad de ingresar. El  cálido sol sobre su cabeza y el puré de patatas con chicharos del almuerzo comenzaron a fermentar en su estómago y a darle sueño.
<¡Oh,men,otra vez quedaré afuera del juego!>. Ese fue su último pensamiento antes de dormirse profundamente.
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-Hey,Jhonny,gordo cabrón...¡despierta!
Jhon sintió que sacudían su hombro frenéticamente. Abrió los ojos y la imagen ante él lo hizo estremecerse de miedo. Allí, en frente suyo estaba Jhosep Hyzak que lo miraba con su imborrable sonrisa burlona. En su frente tenía un gran hoyo con sangre coagulada. Su torso también estaba lleno de agujeros con sangre seca. Se contaban por decenas.
¿Acaso aquello era un maldita pesadilla? Jhon arqueó su cuerpo rodeando el de su cuñado y vio detrás a otras figuras humanas. Allí estaban sus otras víctimas,aquellos a los que había matado en su rapto de locura en Yellow Fourth Bros, Reconoció al musulmán Anib Al Amarijh,a Chandarián,al mafioso Michael Fox Mattioli y al joven Abe Landon, el dueño del predio que aún llevaba en sus manos el gran cuchillo con el que cortaba las lonjas de carne de cerdo de la barbacoa. Y a su lado estaban todos los demás. Pero de entre esa  aglomeración sanguinolenta de espectros sobresalía uno en especial. Era el del chicano Diego Ruiz,el gran culpable de que aquella masacre sucediera. Cuando cruzaron sus miradas el mexicano se tomó los genitales, como ofreciéndoselos a Jhon. Este, con expresión aterrorizada rápidamente se volvió hacia Jhosep que lo miraba fijamente.
-¿Parecemos salidos del vídeo Thriller,no?, dijo Hyzak y lanzó una de sus características  y burlescas carcajadas. Detrás de él se escucharon algunas risitas cómplices.
-Jhosep,yo...yo no quería hacerlo...lo que sucedió es que...-
-¡Jhonny,Jhonny! Cierra esa maldita boca por el amor de Dios. Eso ya está hecho,no buscamos venganza pero sí necesitamos de tu ayuda para poder descansar en paz de una condenada vez. Tu nos trajiste aquí y tú nos vas a sacar. Vengo a proponerte un trato.
Los ojos de Jhon Car se pusieron blancos. Sintió que su enorme cuerpo perdía fuerzas y se desmayó. Los ahora relajados músculos hicieron que una fuerte,larga y sonora ventosidad saliera de sus entrañas.
-¡Oh,boy,este bastardo está más putrefacto que nosotros!, dijo Jhosep tapándose asqueado la nariz. Los espectros estallaron en carcajadas.
                                                                                                                  Continuará



viernes, 6 de marzo de 2015

Rústicos

Los orígenes de los equipos de fútbol de barrio muchas veces son realmente pintorescos. Las historias detrás de ellos escapan a la imaginación de la mentes mas soñadoras. 
Esta es una de ellas.
Todo se remonta a mediados de la década de 1980 en la localidad de Berazategui,en el sur del conurbano bonaerense. Allí es donde nace Martín Vera en el seno de una humilde familia dedicada a la cría de gallinas y cerdos.
El pequeño "Tinchín"-como le puso con afecto un carretero llamado Claudio Mangifesta que le compraba huevos al por mayor a la familia-,comenzó a forjar su amistad con otros niños del barrio. 
Los hermanitos Amarilla,Anibal y Sergio,los traviesos Ale Chandaré  y Daniel Gómez y el ruliento y diminuto Angel Corso eran sus cómplices de travesuras. 
Sus días pasaban felices,cazando pajaritos con la gomera o tirándole piedras a los colectivos que pasaban por la alejada avenida Vergara. 
En ese humilde pero para ellos feliz contexto estos chicos comenzaron a sentir su amor por el fútbol. Claudio-el"tano"para todo el barrio- en sus tiempos libres los observaba jugar y cuando ya cansados de correr en el potrero se sentaban a descansar, este les contaba historias de jugadores maravillosos que hacían estragos en las defensas de los equipos de la primera división argentina. Ante la imposibilidad de poder ver a esos cracks en vivo y en directo -la televisión era un lujo imposible para sus familias- ellos se encargaban de recrear en sus cabecitas cada detalle usando la imaginación, esa que fluye en abundancia en cualquier chico del mundo.
Aquellos días pasaban en ese potrero maltrecho a dos cuadras de la casa de Martín, donde el barrio de casas bajas se perdía de a poco entre árboledas y grandes pastizales. Allí corrían descalzos tras una pelota hecha con bolsas y trapos con arcos formados de pilas de piedra y en donde la altura del travesaño imaginario dependía de que tan alto era el improvisado arquero. 
Un día de poca venta,Claudio los vio jugando y decidió bajar del carro, no sin antes tomar algo de entre las cajas de huevos. Mientras su caballo pastaba mansamente se acercó al baldío y los llamó. Los chicos se acercaron esperando a escuchar algún nuevo relato futbolero y formaron aniosos un círculo alrededor de él. Claudio tenía en las manos una bolsa de arpillera. Los pibes esperaban que de ella sacara pan, de esos que solían regalarle en las panaderías de la zona y que él siempre repartía a los chicos del barrio. Pero no. Claudio sacó de la bolsa un juego remeras usadas, viejísimas. Algunas de ellas estaban rotas, otras desteñidas y hasta algunas estaban manchadas.
-"Son un poquito rústicas...",dijo Claudio casi como una disculpa ante una posible queja.
-"¡Siiiiiii,están re rústicas!",exclamó fervoroso Dani, obviamente sin entender muy bien el concepto. 
Esa bolsa casi mágica se llevaba todas las miradas. De ella salía una remera detrás de otra, todas de idéntico color y diseño. 
-"¡Faaaaaaaa,camisetas de Argentina!",dijo Tinchin con los ojos desorbitados mientras Claudio asentía sonriendo. No era necesario decirles de dónde provenían...¿Para qué decirles que eran pijamas rayados que habían tirado de un colegio de pupilos? Los pibes eran felices y eso era lo importante. 
"¡Pero no tienen número!", dijo un tanto contrariado Angelito mientras se limpiaba sin pudor la nariz con el antebrazo.
-¡¿Qué importa?! ¡Tengo camiseta!", grito entusiasmado Anibal,el zurdito habilidoso de gambeta endiablada.
Claudio se rió a carcajadas. "Déjenme a mi", les dijo y sacó de su bolsillos varios papeles,bolsitas y algunos cigarrillos sueltos. Hurgó entre ellos hasta que encontró lo que buscaba. Una cinta aisladora.
"¡Bieeeeeeeeeeeeennnnn!",gritó el piberío saltando entre los altos pastos cuando el Tano hizo un burdo número 11 en la espalda de Anibal.
Uno por uno se las pusieron mientras el carretero dibujaba en sus pequeñas espaldas distintos números con la cinta. Al pequeño Angel la "camiseta" le quedaba enorme,llegándole hasta casi las rodillas pero aquel detalle poco le importaba. El número 10 recién estampado la hacía un objeto preciado del que no iba a desprenderse nunca más.
Agradecidos por el regalo, los pibes salieron corriendo en busca de la pelota para seguir jugando...claro,esta vez estaban enfundados en las que para ellos eran las mejores camisetas del mundo. Los sueños de gol ahora iban a ser en colores.
Los años pasaron y aquellos niños crecieron,manteniendo la amistad y ese amor irrefrenable por el fútbol. Y aunque hoy ya no usan remeras viejas sino camisetas de marca,como detalle,todos los números los siguen haciendo con cinta adhesiva en recuerdo del querido tano Mangifesta. Y el nombre del equipo, elegido por voto unánime,fue"Rústicos",como no podía ser de otra manera.

                                                                                                                 FIN

domingo, 8 de febrero de 2015

Visita

La mujer sonreía feliz. 
Con firmeza toma la pava y le ceba un mate,sin quitarle la vista de encima a los ojos marrones de su hijo.
-"¿Y los chicos?",preguntó.
-"Bien, bien...", le contestó escuetamente, sabía que era una de esas preguntas que suelen hacerse cuando se quiere romper el silencio.
-"Te extrañan...todos te extrañamos mucho", dijo completando la respuesta.
-"Yo también...no te das una idea de cuánto". La sonrisa se mantenía aunque había adquirido un cierto dejo de tristeza.
-"Me gusta este lugar...es lindo". El muchacho cambió de tema rápidamente mientras observaba a su alrededor. Colores vivos,casi surrealistas, parecían envolverlos en aquel pequeño pero acogedor lugar.
-"¿Viste? lo decoré especialmente para vos...",. Los dos rieron por la broma.
-"A los chicos les encantaría este lugar..."
La mujer lo miró con complicidad. -"De hecho...si, les gusta mucho, aunque la decoración es diferente". 
Él la observó con incredulidad mientras afirmaba con la cabeza,divertida. 
-"Les encanta estar acá...jugamos...me cuentan sus cosas. ¡No sabés como nos reímos!". 
Él se  acercó y le dio un fuerte abrazo,besándola en la mejilla.
-"¡Te extraño tanto,vieja!". Y se aferró a su cuello como cuando era un niño. No la soltó, sabía que no tenía mucho tiempo. 
-"Te espero cuando quieras,ya sabés donde encontrarme...".
La miró y vio que ella también tenía los ojos llenos de lágrimas. 
Por un momento se quedaron en silencio, sabían que el tiempo se acababa. Y efectivamente el tiempo se acabó.
El despertador estaba sonando. 
                                                                                                              FIN





jueves, 29 de enero de 2015

La Venganza de Jhon



9:40, hora del este. Jhon Car llega al predio veinte minutos antes de la hora prevista.
Los amortiguadores del Mustang 67 plateado se tambalean con alivio cuando se ven liberados de las 265 libras de peso del conductor.
Jhon toma un gran bolso donde llevaba algo más que ropa deportiva y cremas para los dolores musculares,ese bolso desborda de fe y esperanza.
<Este es mi día>, pensó.
Luego de meses de vida sedentaria Jhon había salido a correr esa semana. Quería jugar. Lo necesitaba.
Yellow Fourth Bros está abarrotado de gente. A pesar de estar a varias millas del centro de la ciudad en un sector del estado en donde predominan extensas praderas solo accesibles por una ruta casi olvidada, el torneo de football soccer atraía a muchos hombres con deseos de escapar por un rato de sus hogares y problemas financieros, aunque más no sea por un par de horas.
Cruzó la portezuela y atinó a esbozar una sonrisa. Allí estaba Abe,el joven propietario del lugar juntando leños para encenderlos y preparar su ya famosa y deliciosa barbacoa de carne de res, uno de los motivos por los que Jhon iba religiosamente cada fin de semana.
Perfect Assistance, el team con el que hoy se enfrentaban estaba ya en plena charla técnica. Allí estaba sentado el goalkeeper Raymond González. En su mano tenía una fría lata de cerveza Budweisser que acompañaba silenciosa a su mirada vidriosa y perdida en la gramilla sintética. 
< ¡Oh,men,mataría por una cerveza helada!>, pensó Jhon.
Reprimió la tentación y centro sus pensamientos en el juego.<LosRed Stars me necesitan al 100 %> Sabía que no era verdad. Los muy bastardos lo dejaban en la banca y solo cada tanto lo dejaban ingresar cuando el juego ya estaba controlado. La última ocasión en que había jugado fue contra Carter´s Son, la franquicia del maldito demócrata George Paulina. Fueron dos míseros minutos en los que ni siquiera tocó el balón. 
Reprimió el mal recuerdo y saludó con un gesto a sus rivales que le contestaron de mala gana.
-¡Jhonny,aquí estamos!.
La voz de su cuñado Jhosep Hizak era tan inconfundible como sus carcajadas y su voluminoso abdomen. Él era el coach y capitán de la franquicia Red.
Junto a él estaba el resto del equipo. Un cardúmen de indocumentados a los que no soportaba. <Chicanos>.
Ellos eran los culpables de que él vaya a la banca. Hizak confiaba en ellos más que en el propio Jhon lo que lo hacía odiarlos profundamente.
Los saludó con recelo. El único de los inmigrantes con el que hizo buenas migas era Karl Schlottahuer,un alemán enorme y muy reservado. Buen jugador de soccer. Y racista,como él.
Sentía por ellos el mismo rechazo y resentimiento que alguna vez sintió por los irakíes durante la guerra del Golfo.
<Bazofias...no merecen vivir en América>
Pese a esto,Jhon continuaba yendo porque era consciente que quedarse en su casa no lo ayudaba. Las imágenes de la guerra aún lo mortificaban. Arena y sangre eran sueños recurrentes; solo cuando estaba en su camión recorriendo el país o practicando algún deporte su mente descansaba.
-Jhonny, hoy irás a la banca, serán de la partida los "comedores de burritos-, Josh se lo dijo riendo a sabiendas que los mexicanos no entendían el inglés.
Jhon hizo un gesto de reprobación pero Hizak rápidamente evitó la discusión dándole la espalda y  hablándole con gestos a los que saldrían a jugar.
La ira lo carcomía; bufó disgustado. Mientras tanto,los equipos se preparaban para salir al campo de juego.
En el campo más cercano estaba a punto de terminar el juego entre Old Dog´s y Dangerous Play o"DP",como ellos se hacían llamar, dos de los equipos más fuertes del "Teachers Tournament". En el campo más lejano los Rustic Art,un equipo formado por artistas armenios y musulmanes liderados por Anib Al Amarhij y Alexei Chandarián se enfrentaba al Hard Face del itálico Michael "Fox" Mattioli, un rechoncho ex miembro de la mafia italiana de San Diego.
<Terroristas y mafiosos hijos de perras,con gusto les pondría una granada MK-2 dentro del balón para que vuelen sus vísceras por los aires>, pensó Jhon preso de la aversión y el asco mientras podía observar a lo lejos los burdos números hechos con cinta de los Rustic Art. <Pobres diablos adoradores de Alá>
Pero a Jhon lo alegraba ver jugar a los Dogs. ¡Esos sudacas sí que sabían pegar!
Sabiéndose dueño de la banca,se acercó a ver el juego que concluía. Los Dogs ganaban por dos anotaciones a uno pero a él no le interesaba el resultado ni las anotaciones, Jhon quería ver sangre pero el referí lo terminó sin darle tiempo a nada. <¡Fuck!>
Ver a tanto inmigrante en su país lo asqueaba.<Armenios,sudacas,asiáticos,negros...Si tuviera mi fusil Bushmaster ACR de 5,56 mm borraría del mapa a todos estos chupasangres>.
Los jugadores entraron al campo. Jhon vio que además de él también iban a la banca Martin Moon y Adrian Reginald y se acercó furioso a su cuñado para recriminarle.
-Jhosh, ¿pones en el equipo a inmigrantes ilegales y a nosotros nos dejas fuera?...¡Eres un maldito bastardo demócrata!"
Hizak intentó tranquilizarlo.
-Jhonny,Jhonny...cálmate,ya tendrás tu oportunidad. Estos chicanos saben del juego. ¿Acaso no quieres ganar la barbacoa para el equipo?-. Joshep sabía el punto débil de su cuñado. Jhon miró hacia la parrillada y el humo que salía de ella lo calmó. Se hizo a un lado sin decir palabra.
El partido comenzó. No se sentía representado por un team donde abundaban apellidos como Ruiz, Fernández y López. Schlottauer sobresalía entre ellos como un oasis en el desierto.
Jhon los veía con el balón en los pies y pese el odio acérrimo hacia ellos sabía bien que esos muchachos eran mejores que él y los demás de la banca. En menos de 10 minutos ya ganaban por 3 anotaciones. Raymond González y sus muchachos nada podían hacer ante esos mexicanos muertos de hambre pero increíblemente habilidosos. El mediocampo de los Assistance estaba conformado por tres hermanos colombianos, conocidos-y temidos- como los Brizuela´s Boys en los bares de los barrios bajos de la zona de Green Bay donde el ron y el tequila los envalentonaba para tomarse a golpes de puños con cuánto grupo de pandilleros encontraran. Pero nada podían hacer ante los "comedores de burritos". A Jhon se le antojó un burrito ante este pensamiento.
Terminado el primer tiempo miró de reojo a su cuñado. Este le daba indicaciones a Moon, evidentemente iba a hacer ingresar al vehemente y violento back antes que a él. 
Jhon volvió a estallar.
<¡Shit!...bien merecido tienes que Joan te haya engañado con ese Personal Trainer senegalés>, pensó Jhon al tiempo que recordaba aquella ocasión en la que vio a su hermana salir de un motel con el fibroso africano. Nunca la perdonó por eso. <Se hubiera buscado un americano la muy perra>.
Promediando el segundo tiempo los Assistance se acercaron al marcador. 3 a 2 era ahora el resultado. Era evidente que Josh no iba a ponerlo. Pero no fue así. Lo miró y le hizo un ademán con la mano derecha,llamándolo. Jhon se acercó entusiasmado.
-Ven Jhonny,necesito que busques una documentación de mi auto-, le dijo serio para luego reír como un bobalicón. Le gustaba hacer esas estúpidas bromas.<Maldito cornudo>, pensó Jhon furioso.
-¡Es una fucking broma hermano! Ingresarás por Ruiz que se está saliendo de sus cabales...el árbitro aún no lo ha echado sólo porque no sabe español...".
Y era verdad,el calvo centrocampista discutía todo lo que el árbitro cobraba, pero además estaba jugando muy brusco.
-Ok- le contestó y sacó raudo de su bolso la enorme sudadera con el número 80 en su espalda. Ésta le iba muy ceñida al cuerpo, dejando muy poco a la imaginación.
Jhon comenzó a hacer movimientos pre competitivos moviendo torpemente sus dos piernas. Sacudía sus pies como si un pequeño perro faldero jugueteara con sus media y él se lo quisiera quitar de encima.
-¡Diego! ¡Diego!-,gritó Joshep poniendo sus dos manos como un megáfono para luego llamarlo con su brazo derecho en alto.
El calvo y longilíneo mexicano lo miró extrañado, señalándose al pecho como no entendiendo el cambio. Ni Jhon ni Joshep hablaban español pero sabían muy bien que estaba insultándolos.
-¡El muy cabrón no quiere salir!-,inquirió Jhon a los gritos al tiempo que maldecía mirando al cielo. No era la primera vez que se negaba a salir.
<¡Chicanos bastardos,lacras de la sociedad! ¡¡Los mataré a todos!!> 
Jhon había enloquecido al ver que el mexicano no solo no salió sino que lo peor fue que su cuñado no había echo nada para sacarlo y se quedó como si nada, viendo el juego.
Jhon no lo soportó más. Con velocidad inusitada salió del predio empujando en su carrera a los integrantes del equipo de Axe & Chalk que acababan de entrar y se estaban poniendo sus chillonas casacas amarillas.
-Ey,Jhonny, ¿qué carajos te sucede?-,preguntó su capitán Charles"The Sheriff"Leiva. Pero Jhon estaba enceguecido y pasó a su lado como si no existiera.
Subió a su auto y puso las llaves. Respiraba profusamente mirando por el parabrisas con ojos inyectados en sangre. Abruptamente bajó y golpeó con sus puños al techo del automóvil.
Se dirigió hacia atrás y abrió la cajuela removiendo herramientas y bolsas. Cuando llegó al fondo levantó una de tapa y saco una AK-47 laminada azul. Sus ojos desorbitados la miraron por unos segundos. Cerró la cajuela violentamente.
Volvió a Yellow Fourth Bros con expresión alienada y comenzó a disparar. Primero al cielo. Gritos y corridas se dieron al instante. Con paso firme apuntó a Abe que con incredulidad miraba lo que estaba sucediendo. Una bala perforó su frente y el contenido de su cráneo se estrelló contra la pared. Jhon estaba como poseído. Sus pupilas estaban dilatadas y no pestañeaba. 
Los jugadores de los dos campos y los que esperaban para jugar miraron hacia donde estaba Jhon y comenzaron a correr en dirección contraria pero esto resultó ser era una trampa mortal. Las canchas estaban cerradas en su periferia por un grueso y alto tejido de metal,era imposible salir.
Los más cercanos a Jhon corrían a su lado rogando a Dios que no les dispare, tapándose ingenuamente con sus brazos como si ellos fueran inexpugnables a las balas. Muchos escaparon pero otros no tuvieron esa suerte.
Pero esa mole de furia incontenible centraba su mira en dos objetivos. Jhosep Hizak y el chicano calvo apellidado Ruiz, el maldito al que no le gustaba salir del campo de juego. A pesar de ello por un leve momento sus ojos hicieron blanco en otros dos objetivos, los centreforward de la DP, Frederick Thompson García y al puertorriqueño Sergio Elmer Figueroa Gómez de The Vragancy. Los dos corrían asustados, saltando como dos gacelas hembras. <Esto es por anotarnos en cada maldito juego de football soccer>. Y dos disparos certeros dieron en sus espaldas. Cayeron muertos instantáneamente. <Ahora anótenle a la portería de San Pedro, motherfuckers>
Siguió su caminata mortal. Cada segundo que pasaba era un paso más que se cercaba a la multitud de hombres que lloraban como niñas, amontonándose unos contra otros como bisontes acorralados por
cazadores pieles rojas. Jhon disparó una catarata de balas entregándose extasiado a la masacre. Muchos cayeron en ese raid de balas pero él seguía centrando sus pensamientos en dos objetivos. En su andar lento un tendal de cuerpos con sudaderas deportivas se abrían ante él como el mar Rojo se abrió ante Moisés.
Diego y Joseph sabían que ellos eran a los que buscaba Jhon Car. Ambos se quedaron temblando en posición fetal sin atinar a correr, temblando y abrazándose con todo el peso de sus cuerpos apoyados sobre la cerca metálica que evitaba que el balón salga del campo de juego.
<Parecen dos malditos homosexuales a punto de fornicar>, pensó divertido.
-Les llegó la hora hijos de perras-, dijo babeándose mientras blandía casi excitado con las dos manos su AK-47.
-Tú,cornudo imbécil vas a morir primero-,le dijo a su cuñado que reía entre nervioso y asustado.--Hey, Jhonny,no puedes hacer…-.No dejó que terminara la frase. Descargó una lluvia de balas sobre su abultado abdomen,dándole el tiro de gracia en la cabeza. Jhon largó una maquiavélica carcajada al aire.
Ahora su mirada se centraba en Diego. Este comenzó a gimotear. Sabía que había llegado su hora.
-¿Dónde está ahora el recio futbolista que no quiere salir? ¡¿Eh?! ¡¿Eh?!-. Jhon oficialmente había enloquecido. Y lo disfrutaba.
Acercó su carota regordeta y comenzó a burlarse de él diciendo frases en español que no tenían sentido.
Babeando y riendo enloquecido se alejó varios pies y descargó la totalidad de las balas sobre el escuálido cuerpo del jugador mexicano al grito repetido de ¡¿Saldrás o no?!. Cuando el arma estuvo totalmente descargada y en los dos campos solo quedaron cuerpos inertes, Jhon dio media vuelta y como un zombie se dirigió a la puerta de entrada donde dejó caer el arma caliente sobre la gramilla artificial. 
Abandonó el campo y se acercó a la humeante parrilla con la carne aún asándose. Chapoteó sobre el espeso charco de sangre que salía de la cabeza de Abe y tomó de la nevera una cerveza helada y de la mesa dos hogazas de pan con los que se preparó un emparedado rebosantes de carne y se sentó tranquilo a almorzar. A lo lejos escuchó las sirenas de la policía del condado. Sin darle importancia dio un gran bocado al emparedados mientras sonreía con gesto demencial.
Ese era su día.
FIN